Mirada incesantemente rota

Cuando abras los ojos ten cuidado con la nitidez de los rayos solares sobre tu retina; cuando la realidad se convierta en algo palpable y salgas del bucle virtual, sé y deja ser.

Ojos abiertos.

Nuevas formas y colores rugosos que también son suaves y tiran de la cuerda del corazón para extirparlo y crear un vacío entre cuerpo y espíritu; corazón como mediador.

Tu existencia actuada en una obra de teatro constante ‘alterna-tiva’ y tan ‘al-tiva’ que los ojos se han caído detrás de mi espalda. Se acaban las acotaciones y tú sin rima y sin canciones por delante, la impedancia que surge efecto y la entropía que prevalece ante lo sempiterno, al menos de momento.

Que tu sonrisa no rasgue tu rostro angelical ni tus gritos nocturnos atormenten tus oídos al amanecer. Pon esmero en no oler tu propio juicio y en no lamer la bilis de tu amante. 

En fin, solamente haz lo más sensato.

Ojos cerrados. Ojos abiertos. Ojos cerrados.

Águila que se asoma entre cada árido sonido del alma genera la aptitud indicada.

Qué obsesión con cerrar los ojos y ver la montaña cortada por la mitad en las esquinas oscuras de tu hogar.

Ojos bien abiertos.

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