Eres

Los silbidos del pecho me dijeron que eres una aguja única. 

Canta, corre y vuela; vuela con las alas que salen de tu espalda, vuela lejos hacia sus sueños, vuela rodeada de otras agujas con la misma hora, vuela en pasión, vuela en amor, vuela con don, vuela y aprende a aletear con fulgor.

Querida, sé y deja ser, vacíate, da la mano y hasta el brazo, eres fuego y mar, eres el aire de otros para respirar, la imagen para dibujar, las historias que relatar junto a un fuego nocturno.

La sonrisa en el rostro de otras, el sonido muerto expresado con tonos vivos, la lámpara de cada mesilla de noche, las velas en las madrugadas solitarias, las palabras de los versos huecos, el hola de cada adiós que retumban en los oídos más inhabitados.

Eres, eres, eres. 

Mi mayor musa, divina, única, fuente inagotable de sorpresas; versátil y útil.

Cuando me recuesto en tu regazo, confiado, y mi voz se desvirtúa en lágrimas con sabor a dolor, alegría, amargura, tu dicción me guía.

Y si resbalo en el piso, y mi ego se cronifica, y pronuncio más que mi silencio, y las botas de mi alma se inundan, tú eres la aguja de mi brújula.

Calles del dolor y del lamento, buscan, con gritos que rebotan en sus ventanas, una aguja que alumbre sus pasos , un compás para bailar, un vals, un nuevo hogar.

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