Insondable

Es casi como la fuerza del tambor, la brusca pisada con furor, es lo que ahuyenta a los búfalos. Los árboles y las flores se cuestionan qué es, las gentes y los locos, las piedras y los focos.

Es cuando ruge al son del alma y del arpa sin cuerdas, cuando salta con fiereza sobre los impulsos del corazón; late con auge, pero parece sin vigor y cuando las pupilas otean más allá, se queda más acá y los ciervos braman como sus antiguos. 

En el momento en el que las olas descansan sobre la arena y dejan de ondear, renace, más fuerte, más brusco, más grande que el espejo de la habitación. Tan sencillo y tan arduo.

Surge desde las entrañas del estómago con suplicio, escala, indaga el corazón y ahoga la garganta de cenizas muertas.

Como si de las palabras vacías sin aliento manase y originase el caos en el extremo de la existencia. Brilla en los collados del espíritu, a la vez que ayuda a mantener el orden, infunde aliento en el tórax y emerge de nuevo. 

Demasiadas palabras plasmadas para algo tan abstracto e irreal, ayuda.

Inconcebible para las mentes de los cuerdos, inaccesible si suspicazmente se percibe la obra teatral. Ayuda.

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