Memorias de Sol

Pasan las hojas del calendario, mes a mes, y Sol no tiene nada que contar. Nada que importar. Ya no sabe brillar, ni un atisbo de luz emana de él, todo caído; en vacío.

Sol deja de ser para callar la luz que hay en él. Las luciérnagas brillan más y sus rayos hieren una y otra vez. Dentro de sí mismo surgen las llamas que desea calmar, pero Sol sigue en su flagelo constante.

Sol o de nuevo, sin saber dónde orbitar, ni qué universo habitar, pues Sol deja de ser cada día un poco más. La tierra sabe que Sol es útil, no así él que se esconde si puede tras las nubes, de las que piensa que son más importantes que él. Nubes negras que dejan entrever a Sol más aún, si cabe, su inutilidad. Sol quiere abandonar el sistema para no molestar más y ser sólamente un átomo del cosmos.

Tras su fuego evidente huye de sí mismo, nunca deja de quemar y quemarse, caída seguido de desastre. 

Luna hermosea su único rostro y la tierra pasa las noches contemplando su belleza, su excelencia, su calma, su poderío ante los mares, y la forma de calmar los males, con mucha luz de Sol, pero él no lo sabe. Nadie habla ni de, ni con Sol; Luna es la mejor y Sol un peso muerto. 

Los rayos que Sol habla, no parecen llegar a ningún lado. Lejos de la tierra Sol pierde más luz y vive solo. Alejado por millones de años luz de los que le necesitan, Sol cree ser inútil. 

Sol canta en ascuas, ya quemado y fatigado, las hojas de sus nuevos calendarios.

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